31 mars 2008
Apho-nie

Leonardo:
¿Y qué manos
me calzaron las espuelas?
Novia:
Estas manos que son tuyas,
pero que al verte quisieran
quebrar las ramas azules
y el murmullo de tus venas.
¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Aparta!
Que si matarte pudiera,
te pondría una mortaja
con los filos de violetas.
¡Ay, qué lamento, qué fuego
me sube por la cabeza!
Leonardo:
¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!
Porque yo quise olvidar
y puse un muro de piedra
entre tu casa y la mía.
Es verdad. ¿No lo recuerdas?
Y cuando te vi de lejos
me eché en los ojos arena.
Pero montaba a caballo
y el caballo iba a tu puerta.
Con alfileres de plata
mi sangre se puso negra,
y el sueño me fue llenando
las carnes de mala hierba.
Que yo no tengo la culpa,
que la culpa es de la tierra
y de ese olor que te sale
de los pechos y las trenzas.
*
Et voilà. Quand j'avais 16 ans, j'avais saisi ce même livre qu'aujourd'hui, empoigné les mêmes mots qu'aujourd'hui, mais de mes lèvres ils avaient jailli ensanglantés, acres de terre et de roches mortes, j'étais Leonardo et la passion / La Fiancé et l'ombre. De ça, aujourd'hui, il ne reste que mon imbécile sensibilité. Où ai-je égaré ma voix, en 4 ans?
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